Apuntes del ayer sinfónico de miami y el sur de la Florida

  Grandioso homenaje en Miami de la “Florida Philharmonic”, a la memoria de W.A. Mozart en 1991, cuando su Bicentenario. 

  Por Luis Felipe Marsáns

Como que en el año1991 transcurrió sin que se dejara de hablar en todo el mundo del Bicentenario de Wolfgang Amadeo Mozart, Miami, que entonces estaba en su plenitud sinfónica --con la “Asociación de Conciertos de la Florida”, que regenteaba la empresaria  Judy Drucker; el auge de la “Florida Philharmonic” de entonces, dirigida por el maestro británico James Judd; y la “New World Symphony”, de Michael Tilson Thomas--, tuvo una participación trascendental  en eso de resaltar la vida del compositor austriaco, que pereció prematuramente, sin que, pese a ello, dejara escrita una obra musical puramente clásica mucho más grande e importante de las de otros que vivieron el doble de sus años.

  Y como colofón de toda una serie de conmemoraciones, la que yo creo selló el tributo por arriba de todas fue le ejecución –el 23 de diciembre de ese mismo 1991— de su inconclusa Misa de Réquiem, en el ciertamente  legendario “Gusman Center for the Performing Arts”, que originalmente fue el Teatro Olimpia, en el downton de la ciudad.

  Para lograr este emotivo éxito, el maestro Judd agrupó a los mejores artistas con que contábamos en el campo de la música clásica del país y de fuera; valga decir, la soprano  miamense por nacimiento, Marvis Martín; la contralto Gwenet, proveniente de Michigan; el tenor londinense Phillip Salmon y el bajo batítono texano Terry Cook, junto a su propia orquesta y coro --Florida Philharmonic--, en su mejor momento de calidad interpretativa y repertorio.

                   WOLFGANG AMADEO MOZART

Como escribí entonces en mi columna semanal de crítica, en un diario local,  Judd acometió la interpretación con marcada autoridad, cuidando de los tiempos y la dinámica rigurosamente; y transmitiéndole a los músicos la piadosa emotividad de esa grandiosa composición, desde el principio.

  Marvis Martín cantó sublimemente en el Intróito Réquiem aeterna, de extraordinaria riqueza (aunque algunos la ven como una reminiscencia de un coro fúnebre de Handel); y luego Kyrie eleison emergió con un acentuado dramatismo, escrito por el autor usando una impresionante doble fuga, que sugiere una y otra vez la elevación suprema en las voces del coro.

  La ejecución mantuvo un nivel magnífico también en la secuencia, como se apreciaba en Dies irae –donde se trasluce el miedo y la felicidad por igual ante el Juicio Final--; Tuba mirum, en que los solistas se acoplaron admirablemente, con recogimiento y exaltación espiritual a la vez; Rex tremendae, entonado gloriosamente en el coro; y Recordare, manejado con sensible dolor, lo mismo en la orquesta que en las voces.

  De particular emotividad, Confutatis sobresalió luego con suprema pasión en la orquesta; implorante la entonación del canto en el coro, hasta llegar a una atmósfera dulcísima (Voca me cum benedictus); y Lacrimosa brotó después conmovedoramente, en un momento de la composición que trasciende por su calidad de oración de difunto, desgarradora como la muerte misma, que Judd y los músicos de la Filarmónica y coro ejecutaron elocuentemente, en toda su intensidad expresiva.

  El segmento que integra el Ofertorio quedó extraordinariamente bien en este concierto especial dedicado a Mozart por la Florida Philharmonic: en Domini Jesu Christe –que aparece primeramente— el maestro James Judd no solamente se preocupó de las consonancias de las voces en el coro, sino que marcó atinadamente a los músicos de su orquesta la acentuación rítmica, que es un elemento de particular dramatismo en este momento de la obra; y Hostias (que es la última pieza del Réquiem propiamente escrita por Mozart), emergió plena de dolor, en su carácter de procesión fúnebre, con sublime entonación en el coro sobre una suave línea melódica asignada a la orquesta. Y en el número final del grupo –Quam olim Abrahae--, una fuga que resuena con pasión en el coro y en la orquesta por igual, fue otro de los momentos en que el maestro demostró su dominio en semejante partitura.

  Santus, Benedictus y Agnus Dei, escritas ya íntegramente por Franz Xaier Sussmayer --el discípulo de Mozart que terminó la obra--,  sorprenden siempre por su belleza, pero en esta interpretación de Judd, impresionaron aún más por la facilidad increíble con que  el director británico asimiló el  trabajo del joven para  terminar el Réquiem sin traicionar ni un momento las formas de composición del gran maestro, dejando  escuchar  el acendrado sabor mozartiano de las composiciones anteriores de aquél, especialmente en el Agnus dei.

  En este concierto de Miami a que me refiero, en 1991, James Judd le imprimió, por otra parte, grandiosidad al Santus, pese a su brevedad; mientras que en el Benedictus, soprano y contralto entrelazaron sus voces admirablemente, secundados luego con igual maestría por el tenor y el bajo cantante, en una ejemplarizante demostración armónica que el discípulo Sussmayeer heredó de su maestro.

  Luego en Agnus Dei  el coro resonó patéticamente junto a la orquesta, profundo el énfasis en las frases confiadas a los violines, que se repiten luego con una elevación mayor, hasta llegar a la conclusión del movimiento, magistral de principio al fin de la manera que lo  dirigió James Judd.

  Y para terminar, en  Lux aeterna, Marvis Martín reapareció con todas sus posibilidades junto a la “Florida Philharmonic” cantando con  los sentimientos más puros, suaves y celestiales. Así, la fuga Cum santis tuis resonó gloriosamente para ponerle fin a la obra, en una feliz transformación del Kyrie, con la deliberada intención del discípulo de Mozart de volver a usar el material auténtico de su maestro, que James Judd condujo al máximo para cerrar un concierto de gala que muy bien  --en mi criterio— fue el mejor homenaje de Miami al Bicentenario del gran compositor realmente clásico, en una noche extraordinaria y virtuosa, dedicada a su memoria, dos siglos después.

  Este tipo de espectáculo ocurría muy frecuentemente en Miami, sin necesidad de que hubiera un multimillonario “Performing Arts Center”, que aún endeudando más al municipio, ha alejado del arte musical a quienes tenían más fácil acceso al Dade County Auditorium y al Performing Arts de Miami Beach, por verse imposibilitados de pagar lo que cuesta una entrada ahora, irónicamente sin tener ya una orquesta propia, por no poderla rescatar, sacándola de su bancarrota en su momento.

  Luis Felipe Marsáns, diciembre del 2009. ©